La ilusión de la separación: Cómo el miedo nos aisla y la conexión nos sana
- Lorenza Saldarriaga Tomic
- 24 mar
- 3 Min. de lectura

Hace unos días, navegando por las redes sociales, me topé con un post que me detuvo en seco. Pertenecía a la cuenta "Los hombres si lloran". En él, vi un fragmento de una entrevista conmovedora. El entrevistado, un hombre homosexual, le hacía una pregunta directa y honesta al presentador, un hombre heterosexual: "¿Tú sientes miedo?".
Al ver la vulnerabilidad en los ojos del entrevistado y la honestidad en la respuesta del presentador confirmando que sí, que él también teme, sentí un impacto profundo. Pero lo que más me impactó no fue el video en sí, sino reconocerme en la misma posición que el chico entrevistado.
Me di cuenta de cuántas veces he caído en la trampa de pensar: "Siento miedo porque soy mujer", o "Siento miedo porque tengo este problema físico", o por esto o aquello...
Es una trampa muy sutil de la mente. A veces pensamos que el miedo nos pertenece , que hace parte de nosotros, que es algo individual, exclusivo y privado. Nos convencemos de que tememos porque somos diferentes, porque somos intrínsecamente más vulnerables que los demás debido a nuestras circunstancias particulares. Usamos nuestras etiquetas (género, orientación, salud, estatus) como la justificación de nuestra angustia.
La ilusión del "Yo" separado
Esta forma de pensar nace de lo que el maestro Thich Nhat Hanh, en su libro Miedo (muy recomendado), describe como el resultado de la separación. Cuando nos percibimos como una isla individual, separada del resto del océano de la vida, el miedo florece.
El miedo proviene de la individualización excesiva, de la idea rígida del "yo", "lo mío", "los míos".
Nos encerramos en nuestra pequeña fortaleza identitaria y miramos hacia afuera con desconfianza. Desde esa trinchera de la separación, cualquier "otro" parece una amenaza potencial a nuestra frágil existencia individual. Thich Nhat Hanh nos enseña que este miedo original está ligado a nuestra angustia por el no-ser, por la desaparición del "yo".
Nuestra Humanidad Común
Sin embargo, la realidad es que todos, absolutamente todos, sentimos miedo. Lo sentimos desde el primer instante en que llegamos llorando a esta vida, desprotegidos y asustados. Es una condición humana universal, no una marca individual de debilidad o diferencia.
Aquí es donde la Terapia Centrada en la Compasión (CFT) nos ofrece una luz a través del concepto de Humanidad Común. Esta perspectiva nos invita a reconocer que nuestro sufrimiento, nuestro dolor y nuestro miedo no son solo "míos", sino que son parte de la experiencia compartida de ser humanos.
Cuando logramos ver el post de "Los hombres no lloran" y entendemos que tanto el entrevistado como el presentador comparten la misma fragilidad subyacente, la ilusión de la separación se desvanece. Nos damos cuenta de que mi dolor, mi miedo —y ¿por qué no? también mi alegría, mi esperanza y mi deseo profundo de tranquilidad— es exactamente lo mismo que palpita en el corazón de todos los seres por igual.
Esa es la conexión real que logra el presentador al mostrarse igual, al desnudar su propia vulnerabilidad. Al final, todos somos iguales en ese sentido esencial.
La invitación: Mirar lo que nos une
La invitación que traigo hoy es una práctica diaria y consciente: cuando miremos a otras personas, no nos quedemos en la superficie de las diferencias (sus etiquetas vs. las mías).
Busquemos activamente eso que tenemos en común como seres humanos.
Abramos la puerta para reconocer a ese "otro" que tenemos enfrente. Si miramos con profundidad, nos daremos cuenta de que en el fondo no es tan diferente a nosotros. Al conectar con el dolor ajeno, encontramos el espejo de nuestro propio dolor, y viceversa.
Cuando logramos conectarnos genuinamente con los demás, con la naturaleza, con el todo, crece más el amor que el miedo. Como dice Thich Nhat Hanh, el amor verdadero disipa el miedo porque el amor es la comprensión de la no-separación.
Sanando a través de la conexión holística
Desde la perspectiva de la terapia energética y holística, el miedo se manifiesta como bloqueos en nuestro flujo vital, nudos que se aprietan cuando intentamos aislarnos del mundo o cuando lo hacemos de forma inconciente.
El Reiki y la Sanación Pránica trabajan precisamente en este nivel: disolviendo esos nudos de separación y restaurando la conexión energética que nos une a Todo. Cuando nos permitimos recibir esta sanación, estamos declarando que somos parte de algo más grande, que no estamos solos y que la energía de la vida nos sostiene a todos por igual.
Te invito a iniciar un camino de terapia energética conmigo. Es un espacio para silenciar la mente separatista y permitir que tu cuerpo y tu espíritu recuerden la verdad: que la conexión sanadora siempre está disponible cuando soltamos la ilusión de estar solos.
Busquemos lo que nos une. Ahí radica nuestra verdadera fuerza y nuestra sanación.

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