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Por qué no agradecer tu dolor, sin profundizar.

  • Foto del escritor: Lorenza Saldarriaga Tomic
    Lorenza Saldarriaga Tomic
  • 12 abr
  • 3 Min. de lectura

Romantizar las crisis es una forma solitaria e innecesaria de evitación. Hablemos de la conciencia emocional y una forma productiva de transitar las crisis y el dolor.



Abre cualquier red social hoy en día y no tardarás más de dos minutos en encontrarte con frases como: "Agradece la enfermedad que vino a enseñarte algo", o "Bendice a quien te rompió el corazón porque te hizo más fuerte".


En la superficie, suenan a un alto nivel de evolución personal. Pero en la intimidad de la consulta, veo las consecuencias de esta positividad sin sustento: mujeres brillantes y agotadas, sintiéndose culpables porque, en medio de una pérdida o una crisis brutal, no logran sentir ni un poquito de "gratitud".


Seamos honestas y bajémosle a la mística un momento: a nadie le gusta sufrir. Nadie hace una lista de deseos para fin de año pidiendo un diagnóstico médico difícil, un divorcio o la quiebra de su negocio para "aprender a ser resiliente".


El dolor es incómodo. Y la exigencia de romantizarlo, de ponernos una "máscara espiritual" para demostrarle al mundo (y a nosotras mismas) que somos seres de luz inquebrantables, es innecesaria y no ayuda a nadie. Es una anestesia social que nos desconecta de nuestra humanidad.


Conciencia vs. evitación Espiritual


Esta tendencia de usar conceptos espirituales para eludir emociones dolorosas se conoce como "evitación espiritual". Es repetir conceptos aprendidos solo de manera intelectual y social, pero sin realmente tenerlos inegrados en nuestro interior.


El budismo nos enseña la Primera Noble Verdad: en la vida hay sufrimiento (dukkha). El cambio, la pérdida y la enfermedad vienen incluidos en el contrato de estar vivos. No son un castigo, pero tampoco un regalo celestial. Son, simplemente, la vida que transitamos.


El sufrimiento adicional llega cuando nos resistimos a ese dolor exigiendo que no exista, o cuando nos juzgamos por no estar "agradecidas" por él.


La compasión no te pide que ames tu tragedia. Te pide que mires tu herida a los ojos y digas: "Esto duele inmensamente, no lo pedí, no lo entiendo y no lo quería. Pero está aquí". Validar la rabia, la tristeza y el miedo es el primer requisito para que el sistema nervioso comience a regularse.


El costo de no procesar 


Cuando te tragas el llanto para proyectar estoicismo, el evento no desaparece. Desde la perspectiva del Ayurveda y las terapias energéticas (Sanación Pránica, Reiki), la emoción no expresada se estanca y se convierte en una toxina densa en tu campo vital.


Tu mente puede decir "todo es un aprendizaje", pero la energía de la traición, el duelo o el miedo se aloja en el plexo solar, en la garganta y en los tejidos físicos, causando insomnio, problemas digestivos o fatiga crónica. Para que la energía fluya, la incomodidad debe ser atravesada con los ojos abiertos, no tapada con afirmaciones positivas vacías.


Los regalos que no pedimos, pero podemos descubrir entre los escombros


Entonces, ¿no aprendemos nada de las crisis? Por supuesto que sí. Existe un punto medio hermoso y poderoso.


Tú no pides que tu casa se derrumbe. Pero una vez que está en ruinas, tras llorar la pérdida de la estructura, tienes el coraje de caminar entre los escombros. Y es ahí, con claridad y sin romanticismos, donde decides qué rescatar.


  • A veces, el regalo de un quiebre financiero es descubrir que tu valor personal no dependía de tu cuenta bancaria.

  • A veces, el regalo de un diagnóstico difícil es enseñarle a una mujer, que pasó su vida cuidando de otros, cómo dejarse cuidar sin sentir culpa.

  • A veces, una traición ayuda a forjar unos nuevos límites sanos y seguros.


Estos regalos no hacen que la crisis haya "valido la pena". Simplemente demuestran tu asombrosa capacidad de conciencia, resiliencia y crecimiento. Demuestran tu verdadera fuerza.


Nota de la terapeuta: Deja caer la máscara de la "mujer fuerte y espiritual". Si estás en medio de una tormenta y necesitas un refugio donde no se te exija sonreír; un espacio donde el acompañamiento y la armonización de tu energía te ayuden a transitar tu dolor legítimo para poder descubrir tus propios regalos, mi consulta está abierta para ti.


 
 
 

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