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Por qué deberías celebrar tus errores: El primer paso hacia la verdadera transformación

  • Foto del escritor: Lorenza Saldarriaga Tomic
    Lorenza Saldarriaga Tomic
  • hace 4 días
  • 2 Min. de lectura

El problema más grave no es equivocarse, es creer que no hay ningún problema.



Si te pidiera que hicieras una lista de las cosas que sueles celebrar, probablemente incluirías ascensos, cumpleaños, aniversarios o metas alcanzadas. Pero, ¿alguna vez has celebrado el momento exacto en el que te das cuenta de que cometiste un error?


Suena contraintuitivo. Desde pequeños, hemos asociado el error con el castigo, la vergüenza y la culpa. Sin embargo, ver un error propio con claridad es uno de los momentos más luminosos y transformadores que puede experimentar un ser humano.



La ceguera emocional: El verdadero peligro


Todos somos seres imperfectos. Tenemos patrones mentales heredados, hábitos físicos poco saludables y formas de comunicarnos que, a veces, lastiman a otros o a nosotros mismos. Esa es la condición humana.


Por lo tanto, el problema más grave en la vida no es equivocarse. El problema más destructivo es la ceguera. Es esa incapacidad (a menudo impulsada por un ego muy frágil) de ver dónde estamos fallando. Es creer que siempre tenemos la razón, que el problema siempre son "los demás" o que nuestra forma de actuar es inmejorable.


Cuando estás ciego a tus propios fallos, el crecimiento se detiene. Estás atrapado en un bucle.

Por eso, si hoy, de repente, tienes un "darte cuenta" y ves con dolor que te equivocaste en una decisión, que fuiste injusto o que repetiste un patrón tóxico... ¡Celebra este buen comienzo! Acabas de encender la luz.


Las 3 fases después de la celebración


Celebrar la consciencia del error no significa ser irresponsables ("Me equivoqué, ¡qué bien, no importa!"). Significa quitar la culpa paralizante de la ecuación para poder pasar a la acción responsable.


Una vez que has visto el error, te invito a apoyarte en este ciclo de tres pasos:


1. Reconocer (Sin autoengaño) Reconocer es admitir el fallo sin añadir la palabra "pero". Es decir: "Sí, mi reacción fue desproporcionada" en lugar de "Mi reacción fue desproporcionada, pero es que tú me provocaste". El reconocimiento puro requiere valentía.


2. Reparar (El acto de humildad) Todo error tiene un impacto, ya sea en tu propio cuerpo, en tu paz mental o en otra persona. Reparar implica hacerse cargo de ese impacto. Puede ser una disculpa sincera, corregir un documento, o simplemente perdonarte a ti mismo y limpiar el desastre emocional que dejaste.


3. Reentrenar (La evolución) Aquí es donde ocurre la magia. Ya sabes dónde caíste. Ahora, te entrenas para no volver a hacerlo igual. Analizas los disparadores: ¿Estaba muy cansado? ¿Me sentí atacado? Y diseñas una nueva ruta neuronal y conductual para la próxima vez.


Permítete ser imperfecto


Empieza a cambiar tu relación con el error. La próxima vez que te sorprendas fallando, respira profundo. En lugar de dejar que tu crítico interno te destroce, dite a ti mismo: "Vaya, lo hice de nuevo. Pero esta vez me di cuenta. Estoy despertando".


Nota de la terapeuta: A veces, identificar el error es fácil, pero el proceso de "Reentrenar" nuestros patrones mentales y conductuales es un camino empinado. Los viejos hábitos neurológicos son fuertes. Si sientes que tropiezas constantemente con la misma piedra y necesitas herramientas para reprogramar esos patrones, mi consulta está disponible. Acompañarte en ese reentrenamiento es el corazón de mi trabajo.

 
 
 

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